Son muchas las clases de feministas. Aunque todas intentan promover a la mujer, algunas lo hacen directamente mientras otras lo procuran tras denostar al hombre. Estas feministas pronuncian entonces el gran reproche.
En los 60’s surgió por ejemplo el SCUM: la Society for Cutting Up Men. Su denominación lo dice todo. “Cutting Up” significa tanto “eliminar”, “exterminar” y “deshacerse de”, como “castrar” a los hombres (esto, he de confesarlo, duele más). Las siglas en sí, “SCUM”, se traducen como “escoria”, término que claramente se aplica a nosotros, los hombres. El manifiesto del SCUM afirma:
“El varón es un accidente biológico: el gen y (varón) es un gen incompleto de x (hembra)... El varón es una hembra incompleta, un aborto que camina, abortado en la etapa del gen. El ser masculino es uno deficiente, emocionalmente limitado; la masculinidad es una enfermedad de deficiencia y los varones son tullidos emocionales”. El manifiesto agrega:
“SCUM continuará destruyéndolos, saqueándolos, violándoles el trasero... Los hombres enfermos, irracionales, los que intenten defenderse de esta ira, cuando vean que SCUM los aplasta, tratarán en su terror de hallar refugio en Mamota, e intentarán aferrarse a sus pechos suculentos y bamboleantes, pero no encontrarán en esos pechotes a Mamota sino a SCUM...”
Este grupo sin duda cree que las mujeres se verían mejor sin los hombres. Y no lo hace como mera rabieta, desplante expresivo. De hecho, su propuesta radical no es ciencia ficción. Se sustenta en que las mujeres ya pueden embarazarse sin ayuda de un hombre mediante la fecundación artificial y la clonación. Para este grupo, los despreciables hombres no somos ya necesarios. Se nos puede borrar del mapa. El mundo, dicen, sería así mejor.
Para bien de nosotros los hombres, el feminismo radical no es el más socorrido. Sin embargo, sí son muy comunes muchos otros feminismos que se sustentan en reprocharnos, como Paquita la del Barrio, nuestras iniquidades: “Rata inmunda, animal rastrero..., te estoy hablando a ti”.
¿Cuáles son, pues, nuestras iniquidades? Se resumen en una palabra, machismo, cuyas partes son al menos tres: irresponsabilidad, prepotencia, violencia. Irresponsabilidad: hasta hace pocos años, por no embarazarnos, sólo nosotros podíamos eludir las responsabilidades propias de un encuentro de “amor”. Prepotencia: tras fácilmente desvincularnos de la mujer y los hijos, gozamos de más “libertad” y oportunidades para trabajar y “tener éxito”; monopolizamos así el poder económico, e imponemos más fácilmente nuestros caprichos a la mujer. Violencia: si la mujer no se somete, la golpeamos, la humillamos.
La mujer tiene en gran medida razón de reprocharnos todo esto. Sin embargo, es curioso que muchas feministas conviertan al machismo que denuestan en su propio proyecto de mejoría para la mujer. Gracias a la píldora y al aborto, la mujer puede ahora también desdecirse respecto al amor y el don de la vida. Es más, “libre” de ataduras, puede buscar y alcanzar el “éxito” profesional. En fin, alcanzando así el “poder”, puede permitirse decir “palabrotas” y aun violentar a quien se le atraviese.
Esto es aberrante. No es que el éxito profesional no sea importante, pero no debe subordinar las responsabilidades hacia el amor y la vida ni degenerar en prepotencia y violencia. De oponernos a este proyecto, los hombres debemos asumir el liderazgo en desterrar el machismo y en abrazar de veras el amor y la vida. Fuimos quienes diseminamos el mal. Pongamos ahora ejemplo en el alcanzar el bien.
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