Indice:
1.- Soy para mi hijo
2.- Volver a casa
3.- ¡Cómo quisiera!
4.- ¿Por qué te quiero?
5.- Nuestro futuro
6.- Quiero ser
7.- Inconciencia
8.- Somos iguales
9.- A mi padre
10.- Creemos
11.- Sonetillo
12.- A Carmen
13.- Callada…
14.- Felina
15.- Despedida
16.- Soy tu ovejita
17.- La fuga
18.- Mi niña en el ballet
19.- A la dos de la mañana
20.- Versos de amor conyugal
21.- A mi madre
22.- Cuando te vistes de charro
23.- ¡Quién me manda!
24.- Una historia de amor
25.- La grandeza de un charro
26.- Serenata norteña |
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José Maria Parga Limón.
Originario de Yahualica, Jalisco
Radica en Matamoros, Tamaulipas.
Licenciado en Derecho, por la Universidad de Guadalajara.
Especialista en Derecho Laboral, por la Universidad del Noreste, de Saltillo, Coahuila.
Diplomado en Orientación Familiar.
Cursos varios en la Universidad de Navarra, España, sobre filosofía, valores y familia.
Ex Rector de la Universidad del Noreste de México.
Coordinador Académico de Enlace Tamaulipas.
Mail: josemaria_parga@yahoo.com.mx |
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| 1.
SOY PARA MI HIJO |
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2.
VOLVER A CASA |
Soy para mi hijo
lo que se le antoja:
soldado, vaquero,
bombero, piel roja.
Si me quiere perro
me pongo a ladrar,
me vuelvo caballo
si desea montar.
¿Qué me quiere halcón?...
¡yo me lanzo al vuelo!,
¿prefiere lagarto?...
¡voy de panza al suelo!
Y así en cada juego,
según venga el caso,
puedo ser león,
gigante o payaso.
Él se sabe dueño
de mi voluntad,
pero nunca abusa
de su autoridad.
Y si acaso lo hace,
paga sus excesos
con un fortuna
de abrazos y besos.
Qué le va a importar
siendo tan pequeño,
si llego cansado,
o si tengo sueño!
Y a decir verdad,
pues a mi tampoco.
El no descansar
me resulta poco.
Si al fin lo que hago,
con verlo contento,
lo siento pagado
como al mil por ciento.
Quiero que jugando
me sienta su amigo,
que sepa que siempre
contará conmigo.
¡Que goce su infancia
feliz y risueño!
Es ese mi anhelo,
es ese mi empeño.
Por eso, si quiere
que sea perro y ladre...
¡lo hago!, ¡que para eso
Dios me hizo su padre! |
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Ah, que alegría
volver a casa,
en donde siempre
me está esperando
mi pequeñita
con su mamá.
Llegué hace rato
de la oficina,
dejé en la puerta
toda la carga,
di un paso adentro
y dije: “¡al fin!”,
“¡estoy en casa!”
Busqué a mi niña
en su recámara
y no vi nada;
entré en la mía
y vi enseguida
lo que buscaba:
ahí estaba
mi princesita
con su mamá.
Ella al mirarme
dio un salto rápido,
vino hacia mí,
me dio un abrazo,
me dijo: “¡te amo,
te quiero mucho¡”,
yo a ti también,
mi dulce cielo,
le contesté.
Nos dimos cientos,
miles de besos,
mientras que en brazos
la fui llevando
hasta su cuarto.
Ahí me dijo
paso por paso,
lo que en la tarde
le sucedió:
“vi un gato enorme
en el tejado
de la vecina;
ayudé a Rosy
barriendo el patio;
castigué a Shusha
porque no quiso
obedecer,
y ahí se queda
esa muñeca
hasta mañana
en el rincón;
me hice un raspón
en mi rodilla,
¡pero mi mami
ya me curó!”.
Y así, contando,
con su carita
llena de gozo
poquito a poco
se fue durmiendo.
Le dí, entonces,
con toda mi alma
mi bendición.
Después, dichoso,
busque a su madre,
le di un abrazo,
un largo beso,
y en cuerpo y alma
mi amor de esposo.
¡Ah! que alegría
volver a casa,
en donde, siempre,
me está esperando
mi pequeñita…
¡y su mamá! |
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| 3.
¡CÓMO QUISIERA! |
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4.
¿POR QUÉ TE QUIERO? |
Cómo Quisiera, ay, poder decirte
lo mucho amada mía que yo te quiero,
mil y una veces lo he intentado, pero
mi amor nunca he podido describirte.
Es muy difícil para mí explicarte,
que he llegado a quererte de tal suerte,
que el corazón se me deshace al verte
y nada quiero sino contemplarte.
Si tuviera la pluma de Neruda,
si tuviera el talento de Machado,
o de Bécquer la rima deliciosa,
no se me quedaría la lira muda,
y te diría lo mucho que te he amado,
lo que eres para mí, mi linda esposa. |
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Tienes hermosas virtudes,
mas no te quiero por eso;
si otras fueran tus virtudes,
yo te seguiría queriendo.
Tienes algunos defectos,
mas no te quiero por eso;
pues con ellos o sin ellos,
yo te seguiré queriendo.
Has dado a luz a mis hijos,
mas no te quiero por eso;
si no tuviéramos hijos
yo te seguiría queriendo.
Eres mi apoyo constante,
mas no te quiero por eso;
si apoyarme no pudieras
yo te seguiría queriendo.
Me fascina acariciarte,
me encanta hacerte el amor,
más no te quiero por eso;
si algo me impidiera hacerlo
yo te seguiría queriendo.
Tenemos los mismos gustos,
mas no te quiero por eso;
aunque fueran diferentes
yo te seguiría queriendo.
Compartimos un destino,
mas no te quiero por eso;
si tu camino y el mío
por azares de la vida
toman rumbos diferentes,
y espero nunca suceda,
yo te seguiría queriendo.
Me preguntarás entonces
¿Por qué te quiero?, pues mira,
porque nací para amarte,
y en ello quiero gastar
palmo a palmo de mi vida. |
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| 5.
“NUESTRO FUTURO” |
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6.
QUIERO SER |
Me veo encorvado y canoso,
me veo con la piel ajada,
y enormemente agrandada
la dicha de ser tu esposo.
Quédate toda la vida
junto a mí, mujer querida,
¡dame ese futuro hermoso! |
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Quiero ser en tu vida algo más que “un detalle”
algo más que un deseo, o “una linda experiencia”
quiero ser en tu vida algo más que “tu chava”,
o una nueva conquista que podrás platicar.
Quiero ser esa novia que te gusta de veras
porque tiene virtudes y se da a respetar,
no la niña que “jala”, y que dice sí a todo,
para que no le digan: “eres una anticuada”.
Quiero ser la que vaya de tu mano orgullosa,
quiero hacer que te sientas orgulloso de mí,
no un momento de gozo que después de vivido
se convierta en reproche, culpa , pena y olvido.
Quiero ser la que quieras conquistar con buen trato,
que protejas y cuides, para que no hablen mal.
Quiero ser la que buscas para amar de por vida,
y un amor de por vida, siempre sabe esperar.
Yo me muero de ganas de escaparme contigo,
tú te mueres de ganas de fundirte conmigo,
pero como te amo y me amas te pido:
no me expongas, ni dañes… ¡sé que cuento contigo!
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7.
INCONSCIENCIA |
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8.
SOMOS IGUALES |
Sí, te dije que te amaba,
mas no que siempre lo haría,
entiéndelo, vida mía,
también el amor se acaba.
Lo que esa noche pasó
no es causa de compromiso,
fue el destino quien lo quiso,
no soy el culpable yo.
Cedimos ante el deseo,
¿entiendes?, eso fue todo,
así pues, de ningún modo
comprometido me veo.
¡Vamos¡, que no es para tanto,
¿por esa simpleza lloras?,
“eso” le pasa a todas,
¡olvídate ya del llanto¡
Ella, viendo que no le valía
razón alguna, ni ruego,
secó sus lagrimas, luego
se alejó de quien quería.
Y al momento en que partía
volvió a sentir de repente,
que algo dentro de su vientre
suavemente se movía.
Malhaya aquel inconsciente
que abusa de la mujer,
que le ha sabido querer
creyendo en él plenamente.
Canalla es aquel que miente
con hombría mal entendida,
y ya que engendra un vida
escapa cobardemente.
Castiga esos inconscientes,
a esos hombre malvados
que dejan abandonados
a sus hijos inocentes;
o llámalos al rebaño,
infundiéndoles tu amor,
para que no hagan más daño
a otras criaturas, Señor.
Sepa la mujer que ama,
para que evite este error:
nunca el verdadero amor
se ha demostrado en la cama. |
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Su madre fue una ramera,
su padre un ebrio perdido,
y desde que fue nacido
todo fue malo a su vera.
Su madre jamás lo quiso
y renegó de parirlo,
por ello es que maldecirlo
fue lo único que hizo.
Palizas y maldiciones
fue lo que tuvo de niño,
nunca conoció cariño,
ni mimos, ni atenciones.
Buscó la oportunidad,
y al escapar de su casa,
duerme en el parque o la plaza,
en el frío o en la humedad.
Pasa uno y otro y le mira
con desprecio, cual gusano,
y no hay un samaritano
a quien le importe su vida.
Roba pues para comer,
lo hieren y aprende a herir,
tiene derecho a vivir
y solo ¿qué puede hacer?.
De hombre, a la sazón,
se convierte en delincuente,
y lo desprecia la gente
“por su negro corazón”.
Por su manera de ser
todos le juzgan malvado,
si nada bueno le han dado
¿que bueno puede tener?.
Quien en esas circunstancia
tiene buenos sentimientos,
si sólo padecimientos
tuvo desde su infancia.
Yo me pregunto indignado,
cómo todavía hay quien
le exige portarse bien,
si nadie bien le ha tratado.
Cuántos de ésos engreídos
hubiéramos sido peores
si todos esos horrores
nos hubieran sucedido.
Ya no seamos así,
ni tengamos esos modos:
el Señor murió por todos,
por ése, por ti, por mí.
Aunque sí sean desiguales
las circunstancias y el nombre,
hay dignidad en todo hombre,
y ante Dios somos iguales.
En verdad todos caemos
aunque en forma diferente,
pero vemos en la gente
lo que en nosotros no vemos.
Lo bueno es que Dios, sabemos,
que es sabiduría y amor,
nunca trata al pecador
como nosotros lo hacemos.
Hay que orar por el caído,
hay que ayudar al hermano,
debemos darnos la mano
como Jesús lo ha pedido.
Hagamos su voluntad
para gloria de su nombre:
¡amor para todo hombre¡,
¡respeto a su dignidad!. |
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| 9.
A MI PADRE |
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10.
C R E E M O S |
Una mirada elocuente,
palabra breve y concisa,
en el labio una sonrisa,
y la honradez en la frente
El andar firme y sereno,
amplio y alto el pensamiento.
Por su noble sentimiento
admirablemente bueno.
Responsable y cumplido:
como hijo, complaciente;
como padre, excelente,
y solícito marido.
Impasible ante el dolor,
afrontando, siempre fuerte,
con mucho valor tu suerte.
¡Eres mi ejemplo mejor!
Trataré de ser, también
en la vida como tú eres,
¡que lo mejor que me heredes
sea ser un hombre de bien! |
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Es domingo, y aquí estoy
como iglesia y en tu templo
nuevamente, mi señor.
Y como cada domingo,
he venido acompañado
de mi esposa y de mis hijos.
Creemos que estás presente
realmente en el sacramento
santísimo del altar,
y a tu encuentro hemos venido.
Gran piedad e inmensa dicha
invaden al alma mía
y me invitan a alabarte
por tu infinita bondad.
Nosotros tan inconstantes,
nosotros tan limitados,
nosotros tan imperfectos,
en nuestra alma y nuestro cuerpo
te vamos a recibir.
¡Oh inmensidad de portento¡,
¡oh insondable misterio!,
¡oh maravilla de amor!.
Ardo en deseos de que llegue
ese precioso momento
en que podamos los cuatro
nuevamente comulgar,
y más unidos que nunca,
mi esposa, hijos y yo,
de rodillas te adoremos
porque eres nuestro Dios.
De tantos y tantos dones
que a mi familia le has dado,
sólo uno, Señor, te pido
que no perdamos jamás:
la virtud de la piedad.
Para que podamos siempre,
poner nuestro entendimiento,
poner nuestra voluntad,
como ofrenda ante tu altar. |
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| 11.
SONETILLO |
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12.
A CARMEN
(Glosa) |
Encantador y divino
es su cuerpo pequeñito,
igual que un frasco chiquito
que guarda un perfume fino.
No es de mayor importancia
el que el frasco sea bonito,
es lo sutil, lo exquisito
de su aroma, su fragancia.
No me enamora por bella,
lo que me cautiva de ella
es su virtuosa existencia.
Si su belleza perdiera,
la quería de igual manera,
sin ninguna diferencia.
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Ahora quiero estar callado,
ni una palabra decirte,
quiero tan solo sentirte,
felizmente enamorado.
Ahora quiero estar callado
y ni siquiera mirarte,
déjame sólo abrazarte
como nunca te he abrazado.
Ni una palabra decirte,
quedarme sólo callado,
gozando así, emocionado,
de la dicha de sentirte.
Quiero tan solo sentirte:
sin que mi boca se abra,
lo que calle mi palabra
con mi silencio decirte.
Felizmente enamorado,
en vez de hablarte o de verte,
tenerte, sólo tenerte,
¡oh! dichosísimo estado! |
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| 13.
CALLADA |
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14.
FELINA |
Callada, silenciosa,
la casa está…
es tanto su silencio,
tanto en verdad,
que ya no lo podemos
soportar más.
Pero pronto esta angustia
terminará;
ya no tarda mi niño
en despertar,
se ha movido en su cuna
y en dos por tres
todo esto que nos pasa
dará un revés.
Al abrir sus ojitos
llenos de luz
quedará iluminada
la habitación;
y con esa sonrisa,
divino imán,
nos hará que acudamos
en busca de él,
como al abejorro
la dulce miel.
Casi nada nos falta,
mi buen amor,
para que el niño vuelva
a balbucir.
Ya no estés tan inquieta,
¡mira!, ¿lo ves?
se ha movido en su cuna
y en dos por tres
todo esto que nos pasa
dará un revés. |
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Me miraron sus ojazos
de pantera sensitiva
y sentí en el alma viva
el placer de sus zarpazos.
Esos ojos acerinos
estremecen al mirar,
y no hay quien pueda escapar
a sus encantos felinos.
¡Qué deliciosa fortuna!
¡qué e ventura! ¡qué contento
por ese encantamiento
siente mi alma gatuna!
Y será mi dicha entera,
si me concede la suerte,
mirarme, hasta la muerte,
en sus ojos de pantera. |
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| 15.
DESPEDIDA |
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16.
SOY TU OVEJITA |
Hijo, la vida suele ser hermosa:
nos regala alegrías súbitamente.
Pero no te fíes, que, veleidosa,
también nos las quita de repente.
Tenlo en cuenta y disfruta de tus días
sin dejar escapar ni un momento.
Nada hace que en mis brazos sonreías
y yo me recreaba en tu contento.
En cambio ahora, aquí nos encontramos
enfrentando esta triste despedida,
que ninguno de los dos deseamos,
y que no tiene solución alguna,
sin embargo, hijo, así es la vida:
¡ya es hora de que vayas a tu cuna! |
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Nadie tiene más amor,
ni cuida más al rebaño
para que no le hagan daño,
como el Divino Pastor.
Él vigila siempre atento
que no caiga en la cañada,
y que nunca le haga nada
el lobo que ronda hambriento.
Conoce a sus ovejitas
y por su nombre las llama,
en verdad a todas ama,
pero más a las chiquitas.
Soy una de ellas, Señor,
mírame, soy Carmelita,
quien tu mano necesita,
quien te reza con amor. |
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| 17.
LA FUGA |
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18.
MI NIÑA EN EL BALLET |
La mamá es el carcelero,
la cuna es la prisión,
y mi niño el prisionero.
Yo haciéndola de emoción
me presento y lo libero
en medio de mucha acción.
Tras el escape ligero,
ocultos tras un sillón,
con júbilo verdadero,
mas aún con precaución,
festejamos: ¡lero! ¡lero!,
la feliz liberación.
Si nos coge el carcelero
no tendremos salvación:
tú a la cuna, yo al ropero,
ahora los dos a prisión.
Como yo no lo tolero,
previendo la situación,
cogí una flor del florero
y en la cocina, un bombón,
con esas armas espero
ablandarle el corazón.
Por lo pronto, ¡lero! ¡lero!,
sigue la celebración.
Ocupada en el plumero,
nunca nos puso atención
el supuesto carcelero.
El ánimo aventurero
vino en disminución,
así que mi compañero
se quedó con el bombón,
y se sentó placentero
a ver la televisión.
La señora del plumero
volvió de su distracción,
le di un beso con pasión,
y la nombré carcelero
de mi amante corazón.
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Copo de nieve sutil,
gotita de suave brisa,
ágilmente se desliza
la figurita infantil
de estilizado perfil,
vestida de alba y oro,
de Carmelita en el foro.
Yo la miro impresionado
de puntitas en la duela,
y me parece que vuela
en cada pasito dado,
o en el giro ejecutado
con absoluta armonía,
con gracia, con alegría.
¡Vaya si tiene talento!,
¡vaya si mi niña es bella!
que entre el grupito descuella
captando en todo momento
las miradas del atento
publico, que, embelesado,
se queda de ella prendado.
Al final de la función,
cuando el programa termina,
y su cabecita inclina
en ágil genuflexión,
se oye nutrida ovación
y el coro que a voces grita:
¡Carmelita!, Carmelita…!
Siete años tiene ese hermoso
y delicado botón
que me roba el corazón
y me hace estar orgulloso.
Tú, que eres tan bondadoso,
concédeme, mi Señor,
verla convertida en flor. |
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| 19.
A LAS DOS DE LA MAÑANA |
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20.
VERSOS DE AMOR CONYUGAL |
A las dos de la mañana
no sé porque desperté,
y vi a Carmen levantada
mirando a nuestro bebé.
Apoyada en su cunita
con ternura lo observaba,
en tanto que en su mejilla
una lágrima rodaba.
¿Qué pasa, que estás llorando?-
le pregunté sorprendido,
me contestó en voz muy queda,
indicando no hacer ruido:
“Nada ocurre, simplemente
tenía ganas de verlo,
es que en verdad todavía
no termino de creerlo.
Es en verdad un milagro
que esta criatura sea mía,
por eso, cuando lo veo
me hace llorar la alegría”
Y regresándose al lecho
volvió a quedarse dormida,
agradeciéndole a Dios
el milagro de la vida. |
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I.- “No Soy Yo”
Yo no soy yo
desde que te conocí.
Desde entonces,
¡oh! mi amor!
por ti y para ti
soy mejor.
II.- “Quiero tu Bien”
Quiero tu bien,
por tu bien y por mi bien,
porque tu bien es mi bien.
III.- “Nadie”
Nadie como tú,
nadie como yo,
y nadie, nadie, nadie,
como el tú, como el yo
y como el nosotros,
que a partir de hoy,
en el amor, ya somos.
IV.- “Para mejor amarte”
No quiero amarte para ser mejor,
quiero ser mejor, para mejor amarte.
Sólo buscando tu bien,
por amor, lo que soy,
lo que hago,
y lo que tengo, darte.
Ser amable ante ti,
para ayudarte a que me ames,
y así, en el amor, perfeccionarte.
V.- “Paradoja”
¡Oh! paradoja del amor:
siempre que me empeño
en que seas más feliz que yo,
soy más feliz que tú.
Al amor nadie le gana.
VI.- “Clarividencia”
Me encante verte,
por lo que al verte veo.
Si pudieras vertecomo yo te veo,
sabrías por qué te veo,
te veo, y te veo… |
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| 21.
A MI MADRE |
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22.
CUANDO TE VISTES DE CHARRO |
Hoy vi tu fotografía
donde de china poblana
vas montando una alazana,
¡grata sorpresa la mía!
La emoción aún me dura
y no sé como explicarte
lo que sentí al contemplarte
bien plantada en tu montura.
Tu falda lentejueleada
con vistosa alegoría,
con el sol resplandecía
mostrándote iluminada.
Vi tu rebozo enredado,
como sierpe a tu cintura,
y rematando en la altura
tu sombrero alamarado.
¡Qué mexicana beldad,
sí mamá ¡ qué porte el tuyo!
al verte henchido de orgullo
me estremecí de verdad.
E imaginé claramente
en ese desfile patrio,
mirándote desde el atrio
a mi papá entre la gente.
Al momento comprendí,
poniéndome es su lugar,
¡que tenía que terminar
enamorado de ti!
Quiero que esa foto quede
en la pared de mi sala,
luciendo toda su gala
hasta donde más se puede.
¡Que brille tu lentejuela
iluminando mi hogar;
y que mi hijo aprenda a amar
y a venerar a su abuela! |
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Siempre he admirado en ti, padre,
la honradez y la entereza,
la bondad y la alegría,
el amor con que me tratas
la exigencia que hace falta;
no necesito decirlo:
¡ya sabes cuanto te quiero!
Mas cuando vistes de charro
te tengo mayor respeto,
te miro más caballero,
más seguro, más resuelto...
¡se me vuelve idolatría
el cariño que te tengo!
Y es que al mirarte portando
tu roja corbata el cuello,
tu pantalón ajustado,
tu sombrero de gran ala
y tu revólver al cinto,
no sólo a ti te estoy viendo,
veo la imagen de esa patria
que me has enseñado a amar
con tu palabra y tu ejemplo.
Me emociona tanto el verte
cuando te vistes de charro,
que quisiera ser ya grande,
para saber lo que sabes,
para sentir lo que sientes,
para llevar, como llevas,
con tanto orgullo ese traje
y luchar para que nunca
desaparezca lo nuestro:
ni el lenguaje campirano
con sus profundos refranes,
ni el estilo del atuendo,
auténtico, inalterable,
ni la montura, ni el freno,
ni el temple de nuestra reata,
ni lo cerril del ganado,
ni el brío, la estampa y la escuela
propias del caballo charro.
Si supieras cuántas veces
sueño que soy como tú,
y que voy gallardamente
montando tu palomino;
cuantas veces también,
al contemplarte coleando
imagino que soy yo
quien derriba aquel novillo
que cae al suelo rodando.
Pero ya lo dice el dicho:
“Para poder ser caballo,
potrillo hay que ser primero”...
¡ya me llegará mi tiempo!
Hoy sólo quiero que sepas,
si no es que ya lo has notado,
que aunque siempre ha sido enorme
mi admiración hacia ti,
te miro más caballero,
más seguro, más resuelto,
y te tengo más respeto,
cuando te vistes de charro. |
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| 23.
¡QUIEN ME MANDA! |
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24.
UNA HISTORIA DE AMOR |
Quiero en mi hijo fomentar
su amor por lo mexicano,
pues me siento muy ufano
de mi sangre y mi solar.
Con esa idea acariciada,
pretendiendo que aprendiera,
lo lleve para que viera
lo que es una charreada.
La mamá me lo enfundó
en un pantalón vaquero,
yo le compré su sombrero,
y él, por su cuenta, se armó.
En efecto, le encantó
tanto lo ahí ocurrido
que en un charro convertido
a la casa regresó.
Andaba yo tan contento
que incluso metí la pata
regalándole una reata
en el calor del momento.
Primero intentó florear
con desplante charreril:
la soga dio en el candil,
¡ya se puede imaginar!
Sobre el pasamanos quiso
ser un jinete audaz,
perdió el equilibrio y ¡zas!
vino a estamparse en el piso.
Cuando rayó su caballo,
(que era en verdad bicicleta),
se echó encima una maceta
y tras el golpe el desmayo.
Y eso no es todo, enseguida
se puso a colear a un perro,
al que imaginó becerro,
ganándose una mordida.
Después pialó a la sirvienta
¡pobrecita de Camila!
fue a dar de cara a la pila
y por poco no lo cuenta.
Tuve que esconder sombrero,
reata, pistola y botín,
pretendiendo darle fin
a este charrito casero.
Pero todo ha sido en vano
porque él no ha desistido,
¡quien me manda haber tenido
un niño tan mexicano! |
|
Una preciosa señora
de cuarenta años de edad,
negro pelo recogido
con un moño tricolor,
nívea tez, y una mirada
verde como los maizales,
que combina con el verde
de su traje de adelita,
ceñido por la cintura
con un rebozo de seda,
blanco al igual que sus manos,
de alabastrina belleza,
blanco al igual que su cuello
de exquisitez sin igual,
sentada en el graderío
del Lienzo Guadalupano,
contempla con emoción
el desfile de los charros
que este día competirán,
para llevarse el trofeo
de campeón del coleadero
de la fiesta patronal.
Aunque contempla el desfile,
no ve a todos los jinetes,
su mirada se concentra
en un juvenil centauro,
que porta con gallardía,
que es preciso de destacar,
fino jarano de pelo
de pachuqueño planchado,
chaquetilla de gamuza
lisa, color natural,
ajustada chaparrera
con la aletilla piteada,
y, fijas en sus tacones,
par de espuelas cinceladas
por un orfebre de León.
¡Qué bizarría de mancebo¡,
-piensa al verlo embelezada-
¡qué porte de caballero!,
¡qué estampa más varonil!...
y entre sus labios de grana
un suspiro se le escapa
imposible de ocultar.
Al pasar frente a su asiento,
montando briso alazán,
el espigado jinete
por un segundo voltea,
y le esboza una sonrisa,
que casi nadie percibe,
pero que hace que ella sienta
que su pecho como un volcán
que está a punto de estallar.
Comienza ya el coleadero.
La algarabía se desata
al golpe de la tambora,
y al mirar a los novillos
uno tras otro rodar.
Allá al fondo de la manga
se observa al mozo en la puerta,
a su novillo esperando,
el caballo se le inquieta,
pero el templado jinete,
lo apacigua, lo acomoda,
y al oír la voz de “¡va!” ,
sale en berrendo corriendo
tratándose de escapar.
Pero el baloneo veloz,
el arcioneo eficaz,
y el oportuno tirón
del osado coleador,
tienen como colofón
un tumbo espectacular:
una redonda derecha
con un punto adicional.
La mujer, en su butaca,
se enorgullece, y ufana
quisiera fuerte gritar:
“Ese muchacho es mi hijo,
es mi hijo, ¡sí señor!,
por ventura soy su madre,
la madre que lo parió,
la que lo arrulló en sus brazos,
y la que un día lo amamantó,
que le enseño a santiguarse
y a arrodillarse ante Dios.”
“Y es su padre, mi marido,
quien le heredó la afición,
quien le arrendó ese caballo,
quien lo ha enseñado a colear,
a sostener su palabra,
y a ser un hombre cabal.”
“¡Dios te bendiga, hijo mío!.
En el mundo nunca habrá,
ni madre más orgullosa,
ni padre más ejemplar,
ni hijo con tantas virtudes:
tierno, fuerte, justo, leal,
serio y alegre a la par,
cumplidor de su deber
y honrado como el que más”.
“Y Dios bendiga a la china
con la que te has de casar,
que con ella un día me harás
abuela de un coleador.”
Eso quisieran gritar
su corazón palpitante,
su garganta contenida,
y su orgullo maternal.
Pero guarda para sí,
el raudal de sentimientos,
que en el seno del hogar,
con halagos y atenciones
sobre el hijo volcará.
Esta historia, no se acaba,
y nunca se acabará,
continuará día a día,
continuará año, con año,
se repetirá por siglos,
mientras haya en nuestra tierra,
aunque sea una familia,
sólo una familia charra,
¡tan solo una nomás!. |
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| 25.
LA GRANDEZA DE UN CHARRO |
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26.
SERENATA NORTEÑA |
En este hermoso domingo,
soleado y fresco a la vez,
aquí en la ciudad de Puebla,
linda Puebla colonial,
acaba de terminar
una final excelente
del campeonato esperado
por los de a pie y de a caballo,
el de los Charros Completos:
los ídolos nacionales
que dominan siete suertes
con su pericia y valor.
El lienzo es un pandemonium:
entre matracas y dianas
siete mil almas eufóricas
aclamando al triunfador
lanzan prendas por los aires
en frenética ovación.
Cruz Jiménez, embriagado
de elogios, vivas, y aplausos,
saborea la victoria
ampliamente merecida,
en un ambiente increíble,
apoteósico, genial.
Pero en plena algarabía
sucede algo inesperado:
al ruedo, que ya se encuentra
tapizado de sombreros,
entra un anciano encorvado
por el peso de los años,
su lento paso arrastrando
apoyado en un bastón,
y se dirige, resuelto,
hacia el flamante campeón,
que ante el silencio que impera
súbitamente en el coso,
se desconcierta y voltea
tratando de comprender
qué es lo está aconteciendo.
De repente ve a aquel hombre,
y ante el impacto se queda
inmóvil, paralizado.
El viejo sigue avanzando
unos cinco pasos más;
el charro entonces reacciona
y se encamina a su encuentro.
Al pararse frente a él
se descubre respetuoso,
y con genuina humildad,
toma su mano triunfal,
la débil y temblorosa
de su venerado padre,
inclinándose, la besa,
y sólo entones acepta
el abrazo que impaciente,
que ansioso, le vino dar.
Llora el orgulloso padre
invadido de emoción,
llora el hijo conmovido
por el abrazo del padre,
lloran las mujeres todas,
los charros hacen esfuerzos
por no mostrar su afección ,
pero sus bigotes tiemblan,
pero sus ojos se anegan,
y un lagrima furtiva,
al correr por la mejilla,
notablemente suaviza
la legitima altivez
que el vestir de charro da.
La turba, enmudecida
ante la sentida escena
de amor paterno y filial,
exhala un solo suspiro,
profundo, descomunal .
Yo al mirar que el noble hijo
da ese ejemplo de humildad
en su momento de gloria,
que el hombre más poderoso,
sin duda ha de envidiar,
recuerdo aquellas palabras
que siendo niño escuché:
“Nunca el hombre es tan grande,
como cuando honra a sus padres,
que son imagen de Dios”,
y alzo los ojos al cielo
para pedirle a la Virgen
Morena del Tepeyac,
bendiga a la charraría
por sus bellas tradiciones;
bendiga a la charraría,
por sus preciosos valores ;
bendiga a la charraría,
herencia de nuestros padres;
y nos conceda que, nunca,
nuestros hijos, nuestros nietos,
la lleguen a abandonar. |
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Norteñita, usted dispense,
mi corazón jalisciense
sintió un palpitar norteño,
y embriagado de emoción,
al compás del acordeón
decidió quitarle el sueño.
Le traigo esta serenata,
pues sepa usted que me mata
lo breve de su cintura,
lo negro de su melena,
su tersa piel que es morena
y el porte de su figura.
Se le nota hasta al andar
el orgullo de ostentar
nuestro tipo muy ufana
para sepa cualquiera
que pues nació en la frontera
no hay otra más mexicana.
Es por eso que la admiro,
y se me escapa un suspiro
cuando la veo caminar
con ese garbo tan suyo,
que nació como el cocuyo:
predestinado a brillar.
Porque al igual que aquella
antiquísima india bella
ha sabido conservar
ese desplante altanero
que conquistó al extranjero
que nos vino a conquistar.
Estoy ante su ventana
ganándole a la mañana
que la rescata del sueño
para darle el corazón
junto con esta canción
de sentimiento norteño.
¡Pon el alma acordeonero
que se oiga hasta al extranjero,
que llegue hasta la huasteca,
que sepa México entero
que soy feliz, porque quiero
a una tamaulipeca!
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