En un documento sin precedente que dirige Nikolas Sarkozy a los maestros al inicio del curso escolar 2007-2008, el primero desde su designación como Presidente de Francia, resume magistralmente el papel de los educadores motivándolos a retomar el liderazgo que les corresponde. Les recuerda que futuro de nuestros hijos está en manos de quienes tienen “la misión de instruir, de guiar, y de proteger esos espíritus, insistiendo en la responsabilidad “de acompañar el desarrollo de sus aptitudes intelectuales, de su sentido moral, de sus capacidades físicas desde su más tierna infancia y a lo largo de toda su adolescencia. Ayudar a la inteligencia a desarrollar la sensibilidad, a que encuentre su camino..,” ¿Qué puede haber de más grande y más bello que el orgullo de ver como un niño crece, como se va afianzando su carácter y su juicio?, sin dejar de considerar el temor de todo educador a equivocarse, a contener un talento o frenar un impulso al ser excesivamente indulgente o severo, sin comprender lo que cada uno lleva en lo más profundo de su ser y de lo que es capaz de realizar.
“Educar es tratar de conciliar dos movimientos opuestos: el que lleva a ayudar a cada niño a encontrar su propia vía, y el que empuja a inculcarle lo que uno mismo cree justo, bello y verdadero.., con la exigencia de no ahogar su personalidad, sin renunciar a educarle”.
Durante mucho tiempo se colocó “el saber” en el centro de la educación, descuidando la personalidad de los niños, forzándolos a encajar en un modelo único para que todos aprendieran lo mismo, al mismo tiempo y de la misma manera; “La exigencia y el rigor de esta educación hacían de ella un potente factor de promoción social. Sin embargo muchos niños sufrían y se sentían excluidos de sus beneficios, y no era porque les faltara talento ni porque fueran incapaces de aprender y de comprender, sino porque su sensibilidad, su inteligencia y su carácter se encontraban a disgusto en el marco único que se pretendía imponer a todos”.
No tardó en surgir la visión contraria al poner la personalidad en el centro de la educación, en lugar del saber, sin embargo, “al valorar demasiado la espontaneidad, al temer demasiado forzar la personalidad, al no ver la educación más que a través del prisma de la psicología, hemos caído en el exceso opuesto. No nos hemos dedicado lo necesario, a transmitir.”
“Antiguamente en la educación había sin duda demasiada cultura y no bastante naturaleza. Ahora hay quizás demasiada naturaleza y no bastante cultura. Antiguamente se valoraba demasiado la transmisión del saber y de los valores. Ahora, por el contrario, no los valoramos bastante...”, dando por resultado el resquebrajamiento de la autoridad de los maestros, de los padres y de las instituciones y dificultando la comprensión de un lenguaje de cultura común que se transmitía de generación en generación.
No se trata de resucitar modelos antiguos de educación, “cada época suscita expectativas propias.., lo que nos incumbe es aceptar el reto del conocimiento y de la revolución de la información, estableciendo los principios de la educación del siglo XXI”.
La pregunta fundamental es: “¿Qué queremos que sean nuestros hijos? Mujeres y hombres libres atraídos por lo bello y lo grande, con corazón y espíritu, capaces de amar, de pensar por sí mismos, de ir hacía los demás, de abrirse a ellos, capaces también de aprender un oficio y de vivir de su trabajo. Nuestro papel es ayudarles a transitar de la niñez hasta convertirse en adultos que sean buenos ciudadanos. Educar no es tarea fácil, hay que insistir hasta alcanzar la meta sin desanimarse, “en cada niño existe un potencial que solo espera ser explotado. Cada niño tiene una inteligencia que solo espera ser desarrollada.., despertando en ellos el gusto por aprender, la curiosidad, la apertura de espíritu, el sentido del esfuerzo…, La autoestima debe ser el principal motor de esta educación. Hay que buscarlos. Hay que comprenderlos. Al igual que una exigencia para con el niño, la educación es una exigencia del educador para consigo mismo.”
La filosofía que subyace en la refundación de su proyecto educativo es, “dar autoestima a cada uno de nuestros hijos, a cada adolescente de nuestro país, haciéndole descubrir que posee talentos que le hacen capaz de hacer lo que nunca hubiera creído,” programa digno de ser adoptado para impulsar la mejora educativa que tanto esperamos.
Primera parte
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